San Cipriano, historia, vida y biografía

San Cipriano, nació en Antioquia, geográficamente entre Siria y Arabia, en el siglo III, en el seno de una familia acaudalada pero muy pagana, sus padres, al nacer se lo ofrendaron a Satanás, a los pocos años lo enviaron a varios países a fin de prepararlo bien en el ocultismo y relacionados con la magia y la astrología pues conocía los misterios, propiedades de las plantas y de las veladoras y era capaz de predecir el futuro invocando los espíritus de los muertos, pues se desempeñaba muy bien en el campo esotérico, por lo tanto, por muchos años de dedicó a la hechicería y llegó a ser un mago muy portentoso y reconocido por sus excepcionales cualidades en este campo, pués como un Mefistófeles era un adepto en las ciencias ocultas de las que poseía un dominio sobrenatural.

Cipriano escribió varios libros en esta etapa de su vida pagana en el cual destaca: “El libro de San Cipriano, el cual contiene: La clavícula de Salomón, invocaciones, pactos y exorcismos, el Dragón rojo y la cabra infernal, así como toda clase de hechizos, encantamientos y sortilegios.

Justina en la vida de Cipriano

En Antioquia vivía una hermosa doncella, su nombre era Justina, la cual también provenía de una familia adinerada e idólatra, pero que por influencia de su hija se habían convertido al cristianismo. También había un joven llamado Aglaide que la pretendía sin ser correspondido, por lo que recurrió a Cipriano “el mago” para que lo ayudara con sus poderes.

Varios fueron los intentos infructuosos, pués la vida de esta joven estaba consagrada a nuestro Señor Jesucristo, por lo que Cipriano, se sintió encolerizó, pues se sintió burlado, en consecuencia, el hechicero pensó que ella debía tener un amuleto o talismán muy poderoso para que sus trabajos no surtieron efecto alguno y decidió confrontar a Satanás para que le explicara porque no había podido con tan frágil e indefensa mujer.

San Cipriano después de su conversión al cristianismo

A partir de los 30 años de edad, Cipriano el mago, pasó de llevar una vida pagana, dedicada a la brujería y a todo tipo de hechizos para convertirse al cristianismo, dando así un giro bien significativo a su vida, luego de conocer el motivo de su derrota ante la joven Justina, toda vez que Satanás se viera obligado por mandato Divino, a revelar la verdad, y tuvo que decirle a Cipriano que Dios es un Ser Supremo y que Justina estaba amparada por su gracia y que además ella tenía en su mano la Señal de la Cruz de San Bartolomé, que también la protege contra cualquier daño, por lo que a partir de ese momento Cipriano renegó del diablo y se dedicó a consagrar su vida a Jesucristo.

Ya en el cristianismo, llego a ser sacerdote y luego obispo, fue un cambio radical muy controversial, pues fue designado por elección popular por parte de las personas más humildes de la comunidad porque aún cuando provenía de una familia con buena posición económica, Cipriano también destacó por ser un excelente clérigo que además fue muy caritativo y aliado de los más desprotegidos y necesitados.

Poco tiempo después, Decio el emperador romano, decretó la abolición del cristianismo, iniciando así la cruel persecución contra los cristianos, por lo que Cipriano tuvo que huir y refugiarse lejos de Cartago, no obstante tuvo un intermediario para dirigir la iglesia y no desentenderse de ellos, su actuación le permitió reivindicarse, logrando demostrar una conducta ejemplar y San Cipriano sufrió en carne propia la persecución que para ese entonces tenían los cristianos, a los pocos fue martirizado junto a Justina y otros servidores de Cristo, por confirmar y defender su fe en Dios, nuestro creador, el día 16 de septiembre del año 258, fecha en que se conmemora su festividad.